2010 Septiembre. Revista Hispano Cubana. Nº 37. Madrid ARDE LA ZARZA

En contadas ocasiones dispone el lector de poesía de una introducción firmada por el autor. La que escribe Ángeles Basanta para presentarnos su tercer poemario, Arde la Zarza, interesa por lo que en ella hay de declaración de principios y de intenciones. Es en la poesía “donde se toma la opción definitiva”. Es la poesía “un reducto de libertad”. En la poesía, en esta poesía de Ángeles Basanta, se sitúan en el centro, “por su dignidad, importancia y grandeza, algunos de los nombres y momentos mas emblemáticos de la historia de Europa”.

 

Que luego el lector advierta o no la consonancia de los propósitos con los logros del poemario depende de muchas cosas. En primer lugar, porque son muchas las lecturas que pueden hacerse. Pero es que, además, hablamos de poesía y no de consignas ocurrentes. Siempre es sospechosa la coincidencia entre un propósito y un logro. La poesía de este libro no se ha escrito para adecuarse a un programa predeterminado. Hay, es cierto, una rigurosa distribución por partes que ayuda a vertebrar el proceso de elevación espiritual que se describe en el poemario. Sin embargo, el discurso que se desprende no responde a un plan preestablecido. Da la impresión de que ha habido distintas musas para inspirar cada uno de los pequeños poemas que componen el libro. Cada uno de ellos reproduce una imagen intensa y brillante.

Hay muy poco truco en la palabra de esta poeta. Y no se engañe quien crea que puede encontrar versos a los que desgraciadamente estamos demasiado acostumbrados en un tiempo en el que la espontaneidad y la claridad se confunden con la ramplonería y con la falta de creatividad. Aquí cada palabra ha sido trabajada hasta hacerla luminosa.

 

No en vano los poemas de Ángeles Basanta tardan años en escribirse. Así sucedió con sus dos anteriores títulos. Poemas de la Inexperiencia y, también,  Tan sólo un gesto, cuya introducción, en palabras del poeta Antonio Colinas, asegura que Ángeles Basanta “ha dado a su poesía el tiempo que la poesía exige. Ha ofrendado en el ara de la espera y del silencio  público su palabra y la ha hecho esperar… En todo momento, ha sabido decantar su palabra evitando la forma que no fuera plenamente concisa, el mensaje precipitado”.

 

Sorprende, a su vez, la perfecta y armoniosa relación entre, por un lado, la brevedad e independencia de cada poema y, por otro lado, el conjunto del libro. Esto asegura que todas las intenciones poéticas no deriven en algo dogmático, sino en un proceso de iniciación espiritual que compromete a todas las artes.  Este tipo de proporción compositiva fue usual en poetas como T.S. Elliot o Mario Luzi, pero no es corriente en las letras españolas. Curiosamente, Mario Luzi es uno de los dedicatarios de Arde la Zarza. No apuntaremos aquí las influencias de las que se haya podido nutrir Ángeles Basanta. Creemos más conveniente señalar que, desde hace un tiempo y de una manera que no parece articulada, empezamos a encontrarnos con distintos poemarios de distintos poetas con un alto voltaje espiritual, poemarios envueltos en una luz positiva, a pesar de los signos apocalípticos que describen y que nos alejan de cualquier fácil optimismo. Se canta la historia, la ultima historia de Occidente, desde un lugar sin historia, desde un lugar alto, al vuelo, como en Arde la Zarza, donde es un pájaro el que pasa por los nombres, los sucesos y los afanes del hombre.

 

Sí, “el libro ha sido catalogado de diferente en el panorama actual, inusual e impactante”, como dice la autora en la introducción. Ocurre, como reza en los Dichos de Luz y Amor de San Juan de la Cruz, que el pájaro solitario se va a lo más alto y no sufre compañía, aunque sea de su naturaleza.

 

Adolfo Álvarez Barthe

ARDE LA ZARZA

 

Ángeles Basanta.

Ediprest Arte 2000. León, 2009. 78 pp.

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